23 junio, 2021

El poder de la ficción en tiempos de pandemia

Por Julieta Ninno

Por Julieta Ninno

 

Entre las numerosas discusiones que han surgido en torno a las redefiniciones de distintos aspectos de la vida debido a la pandemia del COVID-19, la literatura ha resultado ser un ámbito un tanto desolado. Se ha desplegado una ola de pánico respecto a la educación de millones de jóvenes en el mundo, la industria editorial global ha caído en un cierto silencio, y las bibliotecas encarnan desiertos de polvo y ausencia de vida humana. “¡10 libros para esta cuarentena!”, “¿Acaso los jóvenes han dejado de leer en la pandemia?”, “¿Qué sucedió con los hábitos de lectura tras el COVID-19?” Esos son los titulares más comunes. Algunos incluso se han preguntado sobre la importancia de la lectura durante la pandemia, pero sus respuestas han sido relativamente convencionales, al menos en su mayoría. La ficción entretiene a la hora de quedarse encerrado en casa. Proporciona formas de escape de realidades literalmente apocalípticas, nutre la mente, ayuda a enfrentar la vida…

 

En mi opinión, tales respuestas resultan insuficientes. Creo que como humanidad que ha desarrollado vacunas en tiempo récord, podemos hacer algo mejor que eso. Al fin y al cabo, réplicas como las que he mencionado no distan de lo que solemos denominar “el poder de los libros”, haya o no una pandemia. Entonces, ¿cuál es la relevancia de la literatura en estos momentos?

 

Mi intención es proponer que la ficción es la herramienta más valiosa que tenemos en tiempos de COVID-19. Desde su lectura y escritura a su consumo en forma de series, películas, letras de canciones y otras manifestaciones artísticas, la ficción es de las armas más valiosas que tenemos en el día de hoy. No solo en un sentido de instrumento combativo cuyo enemigo es un virus novedoso y de rápida mutación, sino también como un artefacto útil para nuestra construcción del futuro. De un mundo post-COVID, esa idea abstracta que tanto se debate en el día a día y no sabemos realmente cómo afrontar. ¿A qué se debe esta relevancia de la ficción en los tiempos en los que vivimos? Es sencillo; a uno de sus rasgos constitutivos, característicos y esenciales: la imaginación. Concretamente, la capacidad de imaginar un mundo diferente.

 

Creo que esta peculiaridad es abarcativa de distintos aspectos por los que la ficción es poderosa en la actualidad. Nos permite escapar a distopías que corren peor suerte que el planeta Tierra ahora mismo, o soñar con reinos encantados, ciudades previas a la aparición del COVID, pasando un buen rato entre cuentos de hadas, arco iris y unicornios. Justo ahora, la ficción es lo que necesita nuestra salud mental como individuos atravesando una crisis. Ofrece reparo de la tormenta, refugio de los horrores, luz en la oscuridad.

 

Pero una vez pasado todo eso, una vez que cerramos las páginas de un libro o apagamos el televisor y comprendemos que “esto va para rato”… es cuando se manifiesta el verdadero poder de la ficción. Eventualmente, comprendemos que no hay más remedio que crear un mundo diferente, ya sea mental como materialmente. Sucede que aquel escenario con el que habíamos soñado ya no está disponible. Los planes, viajes, ambiciones, ideales y sueños que habíamos colocado sobre el mapa antes de la pandemia pertenecen al “otro mundo”. El “viejo mundo”. El mundo previo al COVID-19. Lamentablemente, mucho de lo que habíamos planeado en ese mundo no se encuentra disponible. Nuestros viajes, aventuras desquiciadas, pasos de la escuela a la universidad… Por ahora, eso está tras las barras de la pandemia, y es un mundo que no podemos tener en las dimensiones con las que lo soñamos.

 

Superado el duelo de esa pérdida y el refugio en mundos fantásticos de libros y películas, se nos presenta otra manera de emplear la ficción. Y esta es la actividad de crear un “nuevo mundo” para nosotros mismos. Con nuevas ambiciones, planes y sueños; tal vez un poco más limitados que antes, pero llenos de posibilidades de acuerdo al contexto. Ese es precisamente el ejercicio mental que necesitamos para construir la realidad que sigue al COVID-19. La capacidad y el hábito de imaginar, de proponernos cosas nuevas, de aceptar que debemos diseñar un escenario nuevo y distinto a lo que jamás habríamos esperado. Porque la ficción nos da la chance de tomar el lienzo en blanco que es la incertidumbre de todo lo que está pasando y construir algo a partir de ello. ¡Tal como escribir nuestros propios libros o producir nuestras propias películas!

 

El poder de la ficción en tiempos de pandemia yace en el hecho de que es justamente la ficción la poción mágica que necesitamos para seguir adelante en el día de hoy. Con esto no me refiero solamente a ser personas imaginativas (porque ese no es un requisito en lo más mínimo), idear protocolos seguros o repensar la vida como la conocíamos. Estoy hablando de entender que aquello que conocíamos ha cambiado, que el “viejo mundo” es un lugar en el que habíamos pensado nuestros futuros pero resulta que estos ya no pertenecen ahí. Estoy hablando de la capacidad de pensar para generar cambios. De escribir nuestras propias historias, porque eso es justamente lo que debemos hacer ahora. Escribir el libro “post-COVID-19”.

 

La ficción es poderosa en la actualidad. Nos permite escapar a distopías que corren peor suerte que el planeta Tierra ahora mismo, o soñar con reinos encantados, ciudades previas a la aparición del COVID, pasando un buen rato entre hadas, arco iris y unicornios.

 

Sucede que aquel escenario con el que habíamos soñado ya no está disponible. Los planes, viajes, ambiciones, ideales y sueños que habíamos colocado sobre el mapa antes de la pandemia pertenecen al “otro mundo”. El “viejo mundo”.

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